Del diseño y el arte.

El diseño no es arte.
Una disertación que intenta ser definitiva, por Jesús Salazar.

La discusión que plantea la incógnita “¿el diseño es arte?” y Vice versa, no sólo es anacrónica, sino inútil a estas alturas del siglo.

Para entender las perspectivas, es necesario contar con algunas referencias acerca de la evolución de otras disciplinas, como por ejemplo, la medicina veterinaria.

En el antiguo imperio romano, los hombres que pertenecían al ejército podían retirarse, después de cierto número de años en el servicio de las armas, a una vida tranquila y solventada, una especie de jubilación por el gran mérito de haber sobrevivido. A estos soldados en retiro se les daba el nombre de “veteranos”.

Los caballos, elemento fundamental de la milicia romana, también tenían oportunidad de retirarse tras un número determinado de años de servicio. Quedaba claro que un ejemplar sobreviviente podría pasar características genéticas muy útiles a las siguientes generaciones, tales como la habilidad, la astucia o la capacidad para salir huyendo cuando fuera preciso. Es por ello que los romanos le daban a los caballos “veteranos” un status de semental y una vida tranquila, bajo el cuidado de gente especializada en prodigarles atención y seguridad: Los veterinarium.

Cierto es que no existe una prueba documentada a fondo de lo que será descrito a continuación, pero es muy probable que, hechos más, hechos menos, la transición de los veterinarium como cuidadores de caballos a médicos especializados, primero en animales en general y después a especies en concreto, haya sido de la siguiente forma:

En el campo, un conjunto de paganos notaron la presencia de estas personas que entendían las dolencias equinas y trataban los malestares con eficacia. Su razonamiento debió ser: “Si puede curar un caballo, quizás pueda ayudarme con mi vaca (burro, gallina, perro…)”. Esto, en términos de marketing moderno, sería llamado “diversificación de portafolios”, una ampliación del espectro de productos o servicios que una empresa pone a disposición de su público.

El ejemplo complementario lo conforma el antiguo gremio de los barberos, hoy llamados peluqueros o “estilistas”. En tiempos remotos, el encargado de cortar el pelo, rasurar y acicalar las barbas, bigotes y demás, era el mismo personaje del pueblo al que se podía acudir para practicarse una sangría, preparar algún brebaje analgésico o incluso extraer una pieza dental dolorosa y maloliente.

Con el tiempo, las sangrías demostraron ser más dañinas de lo que la medicina medieval aseguraba, un nuevo grupo de profesionales surgió para atender las necesidades de salud oral y los barberos se enfocaron en hacer lo que mejor sabían hacer: Cuidar, acicalar y afeitar las zonas más públicas de sus clientes. A esto le llamaríamos hoy “Especialización en un nicho específico del mercado”.

Como podemos ver en estos ejemplos, las actividades humanas tienden a evolucionar. Algunas han diversificado su campo de acción, otras se han súper especializado. En ambos casos, lo han hecho con el fin de adecuarse mejor a las necesidades sociales, y a la postre, para sobrevivir.

Con el diseño en general y el gráfico en particular, la historia no es distinta. En sus comienzos, allá en los años finales del siglo XIX, el objetivo del diseño era sólo el llamar la atención de la clientela sobre un producto o servicio. El impacto de la imagen era todo lo que se necesitaba para tener un buen diseño. Es lógico pensar que en esta perspectiva de ejecución + impacto = diseño, los primeros en estar a cargo de las incursiones diseñísticas fueran los artistas plásticos, personas con talento ejecucional cuyas habilidades garantizaban un impacto en los espectadores, y con un poco de suerte, una motivación de compra.

Dicho esquema perduró por muchos años del siglo XX, cuando se acuñaron términos como “dibujante comercial” o “artista publicitario”. El diseño fue definido como la mera concepción y ejecución de la imagen hasta bien entrado el siglo pasado. En algunas mentes obtusas y anacrónicas, sigue siendo así.

Hoy en día, el diseñador gráfico se entiende a sí mismo como parte de un equipo de profesionales enfocado en la detección, diagnóstico y solución de problemas de comunicación estratégica, comercial y de mercado, que requieren de un estudio concienzudo, una ejecución impecable y, sobre todo, una medición objetiva de los resultados.

La subespecie de divas del diseño, inspirados por las musas y cuyo trabajo consistía en generar ideas que iban de lo genial a lo absurdo, pero sin ninguna aportación a los esquemas de posicionamiento de marca, está en franca vía de extinción. Las empresas, instituciones y corporativos, tienen claro que el diseño, entendido como un componente estratégico, rinde excelentes dividendos en un mundo en el que los consumidores son cada vez menos impresionables, y el diálogo marca-usuario es un requisito de sobrevivencia.

Podemos ver entonces que las funciones propias del diseño se han ido separando cada vez más de la función autoexpresiva del arte, en específico, del arte contemporáneo, cuya búsqueda de producir efectos emocionales en el observador (preferentemente otro artista) lo aleja cada vez más de los campos de la comunicación o las funciones comunitarias. Si buscásemos un símil para cada una de estas actividades, los diseñadores somos más ‘estrategas’ y los artistas se acercan más a ‘agitadores sociales’, psicológicamente hablando.

Es cierto, muchos artistas se han inmiscuido en los terrenos del diseño con resultados que oscilan entre lo genial y lo desastroso. El camino de los diseñadores hacia los territorios del arte ha dado resultados similares. En la humilde opinión de quien esto escribe, estamos en el punto de transición en el que es necesario terminar de consolidar al diseño en su función estratégica, y para ello el trabajo en aulas es simplemente imprescindible. En la medida en que las nuevas generaciones abracen su papel de comunicadores y estrategas, y dejen a un lado el dramático rol de artistas frustrados e incomprendidos, estaremos acercándonos más a la tan añorada percepción social que nuestra profesión necesita y merece.

Es hora de dejarle saber a la gente que no sólo curamos caballos viejos.

2 Comments
  1. Uff! buscaba algo así para aclarar un montón de dudas sobre lo que estoy haciendo en mi trabajo. Escribiré con más libertad sobre mi postura en el desarrollo de nuevos perfiles para los diseñadores. Saludos Chucho…

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