Habilidades sociales del diseñador

Los valores sociales del diseñador.

En términos generales, los diseñadores tenemos tres grandes áreas de inserción en el mercado laboral: los departamentos internos de diseño de grandes empresas; las diferentes agencias especializadas (branding, publicidad, etc.) y el ejercicio independiente de la profesión.

Cualquiera que sea el caso, los tiempos que vivimos requieren de habilidades que van más allá de las meramente técnicas: Ya no es suficiente el manejo diestro de las herramientas conceptuales y tecnológicas que anteriormente eran factor de decisión al momento de elegir un diseñador, ya en términos de contratación empresarial, ya en función del ejercicio como freelancer.

Empresas, empresarios y agencias están en la búsqueda de una serie de valores y habilidades que son poco mencionadas y aún menos ejercitadas en las aulas de diseño en todo el País: Las habilidades sociales.

Después de décadas de forjar la idea del diseñador solitario, artista incomprendido, diva de la creatividad de carácter intenso y volátil, las empresas han descubierto que al final de cuentas estos personajes conflictivos y en ocasiones antisociales, han llegado a hacer mella en la zona más dolorosa de toda empresa: Las finanzas.

Porque una diva aferrada a su visión personal de proyecto; el huraño diseñador que se rehusa a escuchar a un cliente; el ‘sensible’ creativo que no puede llevar a buen término un proyecto por sentirse agredido ante la crítica; no han hecho más que encarecer los procesos en función de los tiempos y de los resultados, muchas veces poco eficaces, por más creativos o innovadores que puedan parecer.

Es por todo esto que el diseñador contemporáneo requiere practicar y enriquecer sus habilidades sociales tanto o más que sus habilidades técnicas y conceptuales. El trabajo en equipos multidisciplinarios, el entendimiento de objetivos, la resolución de problemas de carácter o valores, el evitar los conflictos personales tanto al interior como al exterior de las oficinas, son en este momento factores que pesan tanto como un buen portafolios, pero que están siendo cada vez más influyentes en la contratación de diseñadores, así como en la elección del profesionista en cuyas manos los empresarios dejan el futuro de sus proyectos de diseño.

Estamos atestiguando los últimos días de esa especie quimérica, parte diva intocable, parte artista de vanguardia, parte ídolo inalcanzable, parte diseñador gráfico, que en sus arranques de cólera o en sus ímpetus de grandeza auto erigida podía destrozar relaciones entre agencias, equipos sólidos de trabajo o cuentas transnacionales multimillonarias.

En su lugar, vemos poco a poco el ascenso del diseñador estratega, humano, humilde, formado en las canteras de la talacha, pero sobre todo, con una visión realista, objetiva y pragmática de la vida, del trabajo y de su profesión como área del servicio empresarial.

Ahora nos corresponde elegir a qué especie queremos pertenecer.

Jesús Salazar.